lunes, 1 de diciembre de 2014

Tristes alegrando tristes. Eso somos.
Corrompidos esperando quitarle las manchas al cuchillo; desaparecidos gritando por no ser encontrados mientras corren hacia la oscuridad. No esperamos nada más que una simple respuesta, una afirmación de que alguien del otro lado está sonriendo. Y ambos dos sabemos que esa sonrisa dura menos que el vuelo de un pájaro a la luz de la luna por las noches.
La ironía rebota por las paredes. Las lágrimas mojan todo. Hacemos reír al otro cuando el objeto del chiste somos nosotros. 
Tal vez esta sea la respuesta más simple: el dolor ajeno es el propio y se hace uno solo. Al fin y al cabo todo lo que queremos es salvarnos a  nosotros mismos, pero con alguien para vernos levantar la bandera de la victoria. O de la derrota.

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