Las lágrimas le corrieron la tinta en la hoja y un suspiro de frustración entre aquella orquesta de angustia se pudo escuchar. Los papeles no tenían nada importante pero debían ser firmados.
Un par de garabatos por acá y en el otro párrafo.
Se detuvo a leer una oración.
Un par de garabatos por acá y en el otro párrafo.
Se detuvo a leer una oración.
Otra lágrima. Sobre un nombre.
Nadie importante. Podía seguir.
La segunda hoja tenía mas palabras incomprensibles. Todas horribles. Todas manchadas por lagunas saladas.
En la última y tercera hoja se detuvo.
La segunda hoja tenía mas palabras incomprensibles. Todas horribles. Todas manchadas por lagunas saladas.
En la última y tercera hoja se detuvo.
¿Era esto lo que quería? ¿Lo que realmente quería?
Pero cuando las últimas lágrimas bajaron desde su mejilla hasta la punta izquierda del papel el tiempo ya se había acabado. Había firmado el pedido de captura hacia su propia alma.
Fue ahí donde bajó el mismísimo diablo en forma de cuerda atada al techo y enganchada a su cuello.
Se escuchó una mala palabra pero era inentendible.
No salieron más sonidos. Solo lágrimas.
Se había terminado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario