lunes, 2 de junio de 2014

''Querida Anna, te escribo para decirte que..."

Se había olvidado. Todo el día pensando, y por semanas, en escribirle a Anna, pero ¿qué debía decirle? ¿Qué era aquello tan importante? Ya habían pasado 6 años desde que Anna había dejado el país para irse a Alemania, buscando una vida mejor, dejándolo todo atras, incluso a él. Pero ya eran viejos asuntos, lo de ellos había durado 3 años, entre peleas y cortes obviamente, pero al final del día ambos se daban cuenta que se elegían a través del dolor.

"Querida Anna..."

Se secó las lágrimas.
Miro la pluma.
Comenzó otra vez en otra hoja:

''Querida Anna, ¿cómo has estado? yo m-''

Mentira.
Él no quería saber como estaba. Porque seguro ella estaba bien, con algún tipo alemán con dinero que la hacía muy feliz cada día y noche. No como el, que había perdido su trabajo, sus amigos, y su adicción a las drogas se había vuelto peor en los últimos 10 meses.

''Querida Anna, me comunico con vos para...''

¿Qué clase de persona se había convertido Anna para llamarla ''querida''? ¿Por qué usaba un lenguaje tan formal? ¿Las innumerables noches que habían tenido juntos se habían vaciado para ser una nota formal? ¿Como de un maldito empleado a su jefe?
El miedo recorrió desde columna hasta el cuello. Tomó la pluma por última vez y escribió, casi automáticamente, con lagrimas en el rostro.

''Anna:
Tengo miedo, quiero que vuelvas. Ya nada es como antes
Sí, te extraño y tengo miedo de que me olvides. Tengo miedo de que me hayas olvidado.
Volvieron ¿sabías? Se llevaron todo: mi casa, mi trabajo, mi hermano, mi padre, mi madre, mis amigos, mis ojos, mis manos, mis muñecas...y ahora vienen por mi, por lo último que queda de mi. Un par de piernas, un alma y tal vez un corazón caído a pedazos.
Necesito que vuelvas...
No, no vuelvas.
Quedate justo en donde estés.
No soporto la idea de que me veas así, y no soporto la idea de ver a la persona en la que te convertíste, simplemente no puedo.
La heroína me está matando pero no puedo dejarla. 
Sí, volví a ella y a otras cosas. Rompí la única promesa que te había hecho, perdoname. Pero es como respirar un poco de aire fresco en el medio de esta gran tormenta de miseria. Es como vivir dentro de la vida misma, que ya no es vida.
Esto no es vida.
Nuestra promesa se rompió.
Pero hay una sola que mantuve:
Siempre te amé.
Y te sigo amando.
Rompí miles, pero con esta no puedo. Simplemente, no puedo.
Y las cartas van y vienen.
Y esta no va a llegar a su destino. Perdón.

Cuando salte del balcón me voy a acordar de tu sonrisa.
Esa va a ser la segunda promesa que no voy a romper.
Lo que sí espero que se rompan, verdaderamente, son mis huesos.''

No hay comentarios:

Publicar un comentario