viernes, 17 de enero de 2014

and as always, innocent like roller coasters



Se sentó en esa cama extraña otra vez. Era la tercera en la semana, la novena en el mes y ya había perdido la cuenta sobre año.
Transpirado hasta la medula se paró y vio la sangre en el suelo. Era de el. Nada nuevo.
Las sabanas olían a soledad y sangre, ¿alguien vendría a limpiarlas? 

Después de 3 minutos de mirarse al espejo se acordó: estaba escapando y tenía solo unos minutos antes de que se hiciera tarde. Tomó sus cosas y se fue de la habitación.
Caminó 10 cuadras antes de que se diera cuenta que las muñecas y los tobillos le quemaban y ardían. No podía hacer nada al respecto, estaban trás el.

Caminó durante todo el día sin rumbo alguno y tampoco se detuvo hasta que vio el anochecer acercandose, que significaba solo una cosa: ellos solo estaban a unos minutos de alcanzarlo.
Se acordó de una dirección antigua a unas cuadras de su ubicación; un edificio de nombre "Icaro'' como el heroe griego. Decidió ir por las escaleras porque tenía miedo de que pararan el ascensor y lo apresaran.
Miró el reloj en su muñeca destrozada, era tarde. Los escuchaba justo detrás de sus pasos. El miedo lo hacía resbalarse y subir los últimos pisos como un perro. En el último piso sintió que lo tiraban de la camisa, eran cientos, no, no eran cientos, eran miles. No podía verles la cara ni tampoco tocarlos.
La ultima puerta antes de la cornisa. Llegó. Estaba a salvo.

No, nunca estaba a salvo y esta vez menos.

Vio el abismo y los vio a ellos atras de el. A punto de empujarlo. Cerró los ojos, esperando ser empujado.

No sucedió nada. Los miles de ojos invisibles lo esperaban a el para dar el último paso.

Todo dependía de el.






Y lo hizo.

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