Se sentó en esa
cama extraña
otra vez. Era la tercera en la semana, la novena en el mes y ya había
perdido la cuenta sobre año.
Transpirado hasta la
medula se paró y vio la sangre en el suelo. Era de el. Nada nuevo.
Las sabanas olían a
soledad y sangre, ¿alguien vendría a limpiarlas?
Después de 3
minutos de mirarse al espejo se acordó: estaba escapando y tenía solo
unos minutos antes de que se hiciera tarde. Tomó sus cosas y se fue de la habitación.
Caminó 10
cuadras antes de que se diera cuenta que las muñecas y los tobillos le quemaban y ardían. No
podía
hacer nada al respecto, estaban trás el.
Caminó durante
todo el día
sin rumbo alguno y tampoco se detuvo hasta que vio el anochecer acercandose,
que significaba solo una cosa: ellos solo estaban a unos minutos de alcanzarlo.
Se acordó de una dirección
antigua a unas cuadras de su ubicación; un edificio de nombre "Icaro''
como el heroe griego. Decidió ir por las escaleras porque tenía miedo
de que pararan el ascensor y lo apresaran.
Miró el
reloj en su muñeca destrozada, era tarde. Los escuchaba justo
detrás
de sus pasos. El miedo lo hacía resbalarse y subir los últimos
pisos como un perro. En el último piso sintió que lo tiraban de la camisa, eran cientos, no,
no eran cientos, eran miles. No podía verles la cara ni tampoco tocarlos.
La ultima puerta antes
de la cornisa. Llegó. Estaba a salvo.
No, nunca estaba a
salvo y esta vez menos.
Vio el
abismo y los vio a ellos atras de el. A punto de empujarlo. Cerró los ojos, esperando ser empujado.
No sucedió nada. Los miles de ojos invisibles lo esperaban a el
para dar el último paso.
Todo
dependía de el.
Y lo hizo.
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